Muchos temas son complejos y difíciles, las opiniones se dividen, las discusiones no faltan.

A pesar de las dificultades, lo hermoso es encontrarse con mentes abiertas y corazones disponibles a reflexiones nuevas y a críticas constructivas.

Al revés, resulta penoso percibir cómo algunos se cierran en puntos de vista parciales, atacan a quienes proponen ideas diferentes, o llegan incluso a impedir un legítimo debate.

Para superar hostilidades y cerrazones de mente, basta con un poco de sana humildad: tarde o temprano una teoría muestra sus errores, y sobre tantos temas resulta posible acoger nuevas perspectivas.

En un mundo donde conviven voces, ideas y proyectos diferentes, necesitamos abrir caminos hacia la verdad. Solo entonces empezaremos a dejar de lado lo erróneo y a lograr pequeños pasos hacia lo correcto.

No será fácil. Basta con pensar en debates casi agotadores como el del aborto, que algunos defienden como un derecho cuando basta un poco de sentido común para reconocer que en cada aborto es eliminado un ser humano inocente.

Por eso vale la pena analizar, antes de afrontar una nueva discusión, si hay disponibilidad para ver las cosas como son, para abrirse a perspectivas enriquecedoras, y para dejar tópicos que impiden pensar serenamente.

Entonces será posible esa experiencia tan maravillosa que acerca a dos seres humanos que partían desde posiciones muy lejanas y que, poco a poco, acogen verdades que les unen, que les envuelven, y que les lanzan a seguir en camino hacia la verda

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