Un verdadero ejército de ciudadanos y políticos busca una posición por la vía de las candidaturas independientes: 85 personas se registraron como aspirantes a presidente de la República, todos con el síndrome del tlatoani, muy seguros de que pueden hacer mejor las cosas que Peña Nieto, no tan seguros de conseguir las 867,000 firmas con la aplicación pirata del Dr. Córdova; 278 para diputado federal y 38 para senadores; muchos perros para tan poco hueso, dirían en mi pueblo.

Muchas personas aspiran a una candidatura independiente, aunque los requisitos para lograr el registro sean muy complicados. Esta muchedumbre de candidatos algunos la explican desde el hartazgo y la crisis de los partidos; otros la fundamentan en la búsqueda de la fama efímera, simplemente para salir en la foto. Ser independiente es lo políticamente correcto.

Lo cierto es que el objetivo de las candidaturas independientes, de ser la vía para que los ciudadanos accedan a los cargos públicos, fue corrompido por los políticos, esos que todo lo que tocan lo pervierten y que los están utilizando como una estrategia electorera para fragmentar el voto; en realidad son muy pocos los ciudadanos de a pie que aspiran a ser candidatos independientes.

Es muy complicado conseguir las firmas; sólo aquellos que tienen más recursos podrán lograrlo. Emilio Álvarez Icaza se rajó antes de empezar. El arrogante Kumamoto, mareado por su mediocre gestión legislativa, decidió buscar el Senado. Este pueril diputado ha despreciado a todos los grupos independientes habidos y por haber.

El mosaico independiente es una multiplicidad de egos que difícilmente les permitirá comunicarse y coordinarse.

El número desorbitado de independientes es proporcional al hartazgo ciudadano, a la crisis de los partidos, a la desesperación de los mexicanos por las mediocres gestiones de los peñas, los manceras, los gracos, etcétera. Es también proporcional al oportunismo electorero y a las estrategias de algunos vivales.

Lo más rescatable es que las pasiones de estos candidatos no le cuestan al pueblo mexicano, cada independiente deberá financiar sus sueños, venganzas y locuras con recursos propios. Lo cierto es que el primer golpe de los independientes hacia a los partidos ya fue dado, denunciando los excesivos e inconmensurables gastos electorales.

En fin, es una figura en ciernes, los ciudadanos tendrán que aprender a distinguir que entre los políticos independientes hay buenos, malos y muy malos. Ojalá sean el revulsivo que le hace falta a la política en México.

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