La familia Borruel es digna de una serie o película de Netflix, cuenta con todos los elementos para el éxito: dinero, poder, despilfarro, política y estupidez.

El patriarca de la familia dio su mal paso al dejar el periodismo para dedicarse a la política y ser un parásito más del erario que junto a su familia ha desangrado al pueblo y sólo se le ve cuando ‘casualmente’ va a realizar una acción social buena.
Se sabe que es alguien a quien si se le acepta un favor lo cobra con creces.
Carlos es un personaje de claros oscuros muy marcados, se le ve en eventos y firmando cheques altruistas, pero también se le ve abrazando y protegiendo a sus hijos, un par de despilfarradores que visten de prada y Hugo Boss, se les ve en los mejores autos y antros de la ciudad e incluso ahora en plena cuarentena se les vio teniendo una fiesta sin las menores medidas de salud llegado al grado de encubrir delitos que van desde pleitos de antro en la madrugada, pagar miles para la carrera fallida de cantante de su hija, fiestas clandestinas, multas por exceso de velocidad y hasta pagar el silencio de mujeres por varios asuntos.

Cumple el perfil perfecto de la perpetua doble moral y corrupción a la que estamos acostumbrados, pero que no se confundan sus actos de madre Teresa con verdaderas intenciones de cambio.

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