Mitch Lowe fue junto con Reed Hastings y Marc Randolph uno de los fundadores de Netflix, hace ya veinte años. Llegó a ser vicepresidente de negocio y alianzas estratégicas hasta que dejó la compañía en el 2003. Entonces se unió a McDonald’s al tiempo que se sumaba a una nueva start up de alquiler de vídeos, Redbox de la que hoy es su presidente, puesto que compagina con la dirección ejecutiva de MoviePass, compañía que se postula como el Netflix de los cines, al ser un servicio de suscripción que permite ver todas las películas del 91% de los cines de Estados Unidos por sólo 9.95 dólares al mes.

Lowe visitó España como invitado de la reunión anual de antiguos alumnos de la escuela de negocios EAE. Además de su trabajo al frente de las citadas empresas, el ejecutivo colabora con diferentes empresas “para averiguar qué quieren sus clientes”.

Reconoce que hoy día “los datos son muy importantes, pero no podemos olvidar la experiencia y las sensaciones. Mucha gente se basa en los datos y no siente el producto. Una de las peores cosas que puede ocurrir en una empresa es que los ejecutivos no sean clientes. A veces es imposible, pero por eso es importante tener cierta diversidad en la alta dirección, gente que haya progresado en la empresa y que entienda como eran las cosas en los inicios del producto”, pero también gente que entienda cómo son los clientes de hoy.

De hecho, según Lowe, buena parte del éxito de las compañías que ha ayudado a construir se basa en eso, en la capacidad de entender a los consumidores:

“La única razón por la que una start up tiene éxito es porque los grandes actores no entienden qué quieren los clientes. Las grandes empresas no pierden negocio ante las start up si escuchan a sus clientes. Netflix nunca hubiera tenido éxito si Blockbuster hubiese hecho bien su trabajo. MoviePass no tendría éxito si AMC (gigante del cine que ha sido especialmente crítico con la nueva política de precios de la compañía que dirige Lowe) escuchara a sus clientes. Cuando uno crece, pasa mucho tiempo protegiendo lo que ha construido y esto dificulta que uno pueda competir contra sí mismo”.

CREADOR DE EMPRESAS

La gente que le conoce le define como un emprendedor masoquista, “porque vuelvo al inicio constantemente. Me gusta la parte en la que construyes cosas, cuando no sabes que vas a hacer, en la que cada día el negocio podría cambiar o pararse y debes esforzarte por descubrir cosas y crear cosas nuevas. En las empresas que he trabajado, una vez crecieron, pasé a tener tres asistentes y un equipo de analistas, parecía un tipo inteligente, pero lo que me gusta es hacer las cosas yo mismo”.

“La mayoría de los ejecutivos parecen evitar lo que yo he hecho”. No es de extrañar, porque la primera etapa de una start up puede acabar con la paciencia y la fe de cualquiera. “El momento más difícil es esa amenaza existencial de quedarse sin dinero. A diario tienes el potencial de ver que tu idea desaparece. Es difícil probar que tu idea es viable económicamente; la única forma de demostrarlo es con tiempo, personas y dinero; un tiempo lo suficientemente largo…”. “Hoy las personas quieren ver un modelo de negocio probado, que a la gente le encante y quieren ver como ganas dinero”.

Le sucede incluso a él, con una probada experiencia, adquirida sobre todo en Netflix, como él dice, su “universidad”. Allí aprendió la importancia de que las empresas cuenten con una cultura ganadora, que trata de transmitir a sus empleados y público. “Tienes que tener a las mejores personas y perfiles diversos” a quienes dotar de objetivos reales y medibles: “Hemos de poder medir el rendimiento y eso no es algo subjetivo. Debemos tener objetivos transparentes cuantitativos, no subjetivos o cualitativos, para que todo el mundo entienda quien hace cada cosa. Perdemos el tiempo en reuniones constantes y nos reunimos porque no tenemos objetivos claros, si entendemos cuáles son nuestras responsabilidades y recursos, entonces vamos a por todas y tenemos éxito. Si no hay claridad no podemos hacerlo”.

Marcados los objetivos, hay que tratar de “averiguar cómo tener un lugar trabajo productivo y divertido, y crear un entorno de trabajo que valore a las personas y que ponga el futuro de las personas que trabajen para la empresa como un objetivo principal. Un trabajo debe ser como la universidad, donde uno empieza sin saber y cuando se va es mucho más inteligente. Todos los trabajos deberían permitirnos ser más felices e inteligentes un par de años después”.

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