“Siempre he tenido -se ufanó, se enorgulleció ayer el Presidente Andrés Manuel López Obrador- un ángel de la guardia”. Y antes de que la ansiedad, curiosidad de miles estallara, él mismo reveló: “Se llama Pueblo. Ustedes siempre me han apoyado y me han sacado a flote porque el Pueblo -dejó en claro- es mucha pieza”.

Casi hora y media de Informe. López Obrador convocó al pueblo a un informe anual. Informe personal. Ponerse al día. Enterarse. El Presidente llamó. Y el Pueblo acudió. No lo dobló, ni rindió, ni lo expulsó de la amplísima explaza de Armas el intenso, sofocante calorón. El Pueblo quería saber. El Presidente quería que el Pueblo supiera.

“Al Pueblo debo lo que soy” se sinceró López Obrador. “Los seguiré escuchando, atendiendo, sirviendo ¡y nunca jamás lo traicionaré!”

Personalizó López Obrador:

“¡Gracias por el apoyo que recibo de ustedes! Yo sólo soy un dirigente. El Pueblo es el gran señor. El Pueblo es el que verdaderamente manda, gobierna y transforma”.

Eran las 13:27 en el reloj de Catedral. Se sudaba a mares. Amenazaba el mareo. Se cernía sobre la inmensa multitud el espectro del hambre. Horas sentados, en cuclillas, a horcajadas en los hombros paternos. Definitivamente despatarrados en aceras y gradas. Tiempo gozado con el rico -antiguo- repertorio de la Sonora Santanera. La de Carlos Colorado. La que lanzó a la fama a Sonia López “La Chamaca de Oro” que alcanzó rango de estrella con “El nido” o “Ven, ladronzuelo, ven”. Y con el “Chaparrito de Oro”, Andrés Terrazas, que removió nostalgias con sus “Luces de Nueva York”.

Pasadas las 10 de la mañana el Zócalo hervía. Recibía peregrinaciones. Desembocaban por Madero familias enteras. Grupos de vecinos. Contingentes de empleados. De amigazos. Gentío compacto, denso, incansable. Curioso y moderadamente alegre. Nada relajiento. Tampoco peleonero, bravero o retador. Resoplaban su contento con un redondo:

“¡Ya llegamos!”

Hazaña. En Puente de Alvarado y Rosales -San Fernando- empezaba el desierto. Ni un metro más. A píe. A “pincel”. Como las mulas de San Fernando: Ratitos a píe…Ratitos andando…

Muy puntual fue ayer el Presidente López Obrador. Pocos minutos antes de las 12 las cámaras lo presentaron junto a vallas de ciudadanos que ansiaban saludarlo. Lo conseguían. Sin que López Obrador se rezagara. “¡Chócala!”, exclamaba y su mano encontraba la otra.

“¿Recuerdan? -punzó la memoria de muchísimos miles que ni siquiera alcanzaban a verlo- que hace un año- Hace un año en este mismo lugar hice 100 compromisos con el pueblo de México, ¿Lo recuerdan?”.

Sus seguidores produjeron un parejo “Sí”

“Al día de hoy, puedo decir que hemos cumplido 89 y sólo 11 están pendientes. Es indudable que estos primeros 12 meses hemos avanzado mucho, pero aún estamos en un proceso de transición, todavía lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no termina de nacer”.

“Ya están firmes las bases para la construcción de una Patria Nueva. Cimientos que tornarán prácticamente imposible una vuelta a la época de oprobio del neoliberalismo. O neoporfirismo. Estoy convencido de que en dos años los conservadores, nuestros adversarios no podrán ni intentarlo. Recuerden lo que nos dijo Benito Juárez: El triunfo de la reacción es moralmente imposible”.

Lo dice hoy Andrés Manuel López Obrador. La muchedumbre -un mar en movimiento- aplaude.

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